12/03/2016

Los sintomas de las arritmias cardiacas

Artículo publicado por el Dr. Enrique Asín Cardiel, Director de la unidad de cardiología del Hospital San Francisco de Asís para ABC

Se entiende por arritmias las alteraciones en el ritmo cardiaco normal, y que son de diferentes tipos. Pueden ser procesos aislados, sin enfermedad cardiaca asociada, o ser secundarios a una enfermedad cardiaca.

El corazón genera sus propios estímulos eléctricos que hacen que se contraiga de forma sincrónica y rítmica (latido cardiaco). El impulso eléctrico se genera en una zona que se llama nódulo sinusal, que emite impulsos eléctricos, como si fuera una batería, con una cadencia determinada (ritmo normal). Estos impulsos que autogenera el corazón se trasmiten desde la base del mismo hasta la punta, produciendo la contracción de las fibras del músculo cardiaco, cumpliendo así su función de bombear la sangre a todo el resto del organismo.

El corazón late con una frecuencia en reposo entre 50 y 100 latidos por minuto. A los ritmos más lentos los denominamos bradicardias, y a los más rápidos taquicardias. Cuando existe algún problema en la conducción del impulso eléctrico, decimos que hay un bloqueo, que puede ser en una de las ramas que lo conducen, o a nivel del paso de las aurículas a los ventrículos, dando lugar a un bloqueo completo, precisando la implantación de un marcapasos. En este último caso, otra zona del corazón, por debajo de donde se encuentre este bloqueo, puede generar impulsos eléctricos para que el corazón se contraiga.

Las taquicardias pueden ser debidas al ritmo normal pero acelerado (secundario a otros procesos no cardiacos como fiebre, anemia, hipertíroidismo, niveles más bajos de oxigeno etc.), o ser taquicardias patológicas. Los síntomas fundamentales de las arritmias rápidas son las palpitaciones, que es la sensación ocasional o permanente del latido cardiaco, ya que este normalmente no se percibe. Pueden también acompañarse con síntoma de fatiga o mareo. Si las arritmias son lentas (bradicardias o bloqueos), el síntoma fundamental es el «mareo» o la pérdida de conocimiento (síncope). Pueden también existir arritmias que pasen inadvertidas.

Son muy frecuentes también las extrasístoles, que son debidas a la producción de estimulas eléctricos en una zona del musculo cardiaco a la que no corresponde esta función, y son por tanto latidos añadidos a los normalmente generados. Cuando estas extrasístoles son frecuentes pueden causar síntomas en forma de «pálpitos» o de vuelcos del corazón. Cuando son muy repetitivos pueden dar lugar a taquicardias, que dependiendo del origen denominamos supra ventriculares (de menor importancia) o ventriculares (de mayor importancias). Estas últimas si son mantenidas, pueden degenerar en una arritmia muy grave que es la fibrilación ventricular, que no debe confundirse con la fibrilación auricular, que no tiene esa gravedad.

La fibrilación auricular es una arritmia muy frecuente, que consiste en que las aurículas pierden su ritmo normal, y también su contracción activa, siendo sustituida esta por una especie de temblor rápido. Al no vaciarse la aurícula en cada latido, se produce un éxtasis de sangre con el riego de formación de trombos y que al desprenderse puede dar lugar a un ictus cerebral, de ahí la necesidad, en este tipo de arritmia, de tener que tornar en muchos casos una medicación anticoagulante. Muchas personas viven en fibrilación auricular, controlada con medicación, prácticamente sin síntomas.

En la fase aguda de un infarto de miocardio en pacientes portadoras de otras cardiopatías, puede producirse una taquicardia ventricular con riesgo de fibrilación ventricular y parada cardiaca. La aplicación de un choque eléctrico en estos casos con un desfibrilador puede restablecer el ritmo cardiaco y permitir la recuperación del paciente, de ahí la conveniencia de disponer de estos aparatos en lugares públicos, instalaciones deportivas etc. Actualmente al ser semiautomáticos, pueden ser incluso aplicados por personal no médico.