09/06/2016

Tres vidas misioneras que confluyen en el HSFDA

Tres vidas entregadas al servicio de los demás, tres experiencias internacionales diferentes, tres mujeres solidarias que continúan con la “misión universal”, aquella que les atrajo en su juventud y que conocieron a fondo en el Instituto de las Franciscanas Misioneras de María.

Hoy, todos los conocimientos y vivencias adquiridos en esos años los ponen al servicio de los pacientes del Hospital San Francisco de Asís. Gracias.

 

Micaela Gárriz, presidenta del Consejo de Administración: “Continuar la misión hasta el final es una alegría”

Nacida en Aoiz (Navarra) es la séptima de ocho hermanos. La revista Anales, editada en los años 50-60 por las Franciscanas Misioneras de María, y su espiritu religioso le animaron a tomar la decision de ingresar junto a 140 jóvenes, en el Instituto de las Franciscanas Misioneras de María en Pamplona a los 21 años. Allí estudió Teología y Administración, y trabajó en el colegio que tenían en aquella ciudad.

¿Le costó mucho dejarlo todo y marcharse de casa tan joven?

Le dolió a mi familia y a mí también. Me dolió terriblemente dejar todo para dedicarme a la vida religiosa, pero sabiendo que era aquí donde iba a encontrar el lugar donde realizarme espiritual y humanamente.

En el año 70 es enviada a Corea y la misión encomendada prioritariamente fue la de responsable de Comunidad, Ecónoma provincial y Provincial. Allí se instala hasta el año 1987. Después pasa por Roma para encargarse del Economato General. Cuando termina su mandato regresa a España (2003) y es elegida Consejera provincial para después ser Provincial.

Después de cumplir su mandato como Provincial se incorpora al hospital, una nueva etapa en la que continúa la remodelación del centro (2011).

¿Las Franciscanas misioneras de María es una congregación muy ligada a la salud, a los enfermos?

El Instituto está consagrado a la “misión universal”, así lo planteó nuestra fundadora. Cuando nos llaman a un lugar para hacer un servicio se valoran fundamentalmente las necesidades del grupo humano con el que nos encontramos y de acuerdo con eso creamos escuelas, dispensarios, hospitales, centros de acogida… o hacemos trabajo social o pastoral

Hablemos de cifras ¿Cuántas hermanas tiene el Instituto?

España ha sido la fuente que ha dado misioneras al mundo entero porque había muchas vocaciones. Nos han formado antes de enviarnos por todo el mundo. Hemos llegado a ser 1.300 españolas dentro de la congregación; y el 90 % hemos estado fuera en uno, dos o tres países. Nuestra congregación ha sido y es el Instituto misionero más numeroso dentro de la Iglesia católica y una de las más extendidas en el mundo. Somos más importantes a nivel mundial que a nivel nacional. Ahora hay en el mundo 6.500 y en España 380 hermanas, quince de ellas trabajan en el HSFDA

¿Por qué hay tan pocas vocaciones ahora?

Existen muchas causas. La familia y la sociedad han cambiado Las familias cristianas de los años 50 y 60 era numerosas, la descristianización de España es un hecho aunque estemos muchos bautizados. La fe se ha perdido, lo veo en la evolución de nuestras familias. Hoy, una joven que quiere entregarse a los demás y hacer un servicio a los más pobres en el tercer mundo va a estos grupos nuevos (ONGs) y, sin comprometerse para toda la vida, puede vivir una vida cristiana profunda si participa con un grupo de laicos. Es difícil que una joven entre en una congregación religiosa de nuestro estilo. Yo las comprendo, creo que puede ser el momento de laicos comprometidos. Hoy, sin embargo, hay congregaciones contemplativas florecientes en España.

Doy gracias a Dios por lo vivido y por lo que he podido entregar, pero para los jóvenes es más difícil adaptarse a este estilo de vida.

Aunque el Hospital San Francisco de Asís tiene mucha historia , con su llegada comenzaron cambios importantes.

Los cambios mayores se han hecho después de 2011cuando se nombró un director gerente. A partir de aquí se han organizado todas las direcciones y mandos intermedios con laicos. La profesionalización del hospital le ha dado un plus.

Además hemos constituido un Consejo de Administración, aunque no seamos una sociedad anónima, del que forman parte personas de distintos sectores. Después se han creado cuatro direcciones: Médica, Recursos Humanos, Gestión administrativa y Calidad e instalaciones.

Los pacientes exigen y reclaman más medios y más cuidados que antes. Creo que un hospital debe estar en continua mejora.

¿Cómo cree que perciben los madrileños el hospital?

Es un hospital muy reconocido y las mejoras que hemos realizado le están proporcionando un renombre. Creo que hacer el cambio de un hospital congregacional a un hospital donde en todas las direcciones hay profesionales muy bien preparados, le ha dado fuerza.

¿Por qué una ampliación?

El primer punto de reflexión fue la necesidad de dotar al hospital de más habitaciones. La ampliación comenzó en 2013 con un primer estudio de arquitectos que luego cambió. Ha sido el estudio Cano y Escario el que vio la posibilidad de construir más metros. Se ha derribado el edificio construido en 1970 y de ahí surgió el nuevo proyecto. Como objetivo queremos aliviar y mejorar todos los servicios del hospital.

¿Cómo avanzan las obras?

Además de ampliar el hospital en 25 habitaciones vamos a mejorar algunas de nuestras instalaciones como la UVI, el laboratorio, la sala de neonatos, el quirófano de oftalmología y el servicio de neurocirugía. También incluye tres plantas para aparcamientos. Queremos hacer un hospital más funcional con el fin de dar un mejor servicio a los pacientes.

Montserrat Varela, supervisora de quirófano: “Les cuento batallitas del Congo y se olvidan de que tienen que operarse”

Nació en La Coruña, es la tercera de seis hermanos y recuerda a la madre Ana María, aquella que preguntaba quién quiere ser monja y ella levantaba la mano.

Cuando terminó el Bachillerato le dijo a sus padres que no quería seguir estudiando y comenzó a ayudar a su padre en la consulta de odontología.

Atraída por la vida misionera y con ayudar a los más pobres, pasó unos años “con el gusanillo de consagrarme a Dios”. Comenzó sus estudios de Enfermería y con 20 años supo que quería ser religiosa y misionera.

¿Cómo se lo planteó a su familia?

Mi decisión le costó mucho a mis padres. Cuando ingresé en el noviciado de Pamplona vi llorar a mi padre por primera vez. Después del noviciado vine a Madrid a terminar mis estudios de Enfermería.

¿Qué sucedió después?

Cuando hice los votos perpetuos en 1973 me enviaron a Kinsasa el antiguo Congo Belga. La primera misión fue en la selva. Tuve que aprender francés y las dos lenguas locales (kiyaka y lingala). Allí trabajé al lado de una hermana belga que llevaba en la selva 23 años. Me encargaba del hospital. No había médicos era un hospital de selva con dispensario.

A partir de ahí llegaron nuevas misiones en barrios marginales donde abrió cinco centros de salud. Pero es en 1999 cuando la nombran Provincial y tiene que trasladarse a Brazzaville, el antiguo Congo francés.

Cuando termina su mandato se traslada con los pigmeos a cinco kilómetros de la misión en la que vivía ¿Cómo fue esa experiencia?

Una misión muy bonita. Los pigmeos son una tribu muy primitiva y los bantús los perciben como sus esclavos. Nosotras cuando llegamos a un sitio hacemos escuelas y dispensarios porque hay que ayudarlos para que puedan desarrollarse ellos mismos en todos los sentidos. Cuando llegué había muchos tuberculosos con el peligro de contagio que esto conlleva.

¿Cómo viven los pigmeos?

Viven entre 10 y 15 personas en chozas pequeñitas hechas con barro paja y palos. Salen a la selva a por su comida, pescan, cazan y recogen los frutos. Pero después beben lo que destilan, la mandioca y la piña, y hacen una bebida que es fortísima; y con esto se emborrachan… después vienen las peleas. Llegaban heridos al dispensario.

¿Se ha sentido querida y protegida en ese entorno?

Somos queridas y protegidas. Voy a contar un caso que me sucedió en el dispensario, vino un chico con una mano abierta después de una pelea y pasé con él a la sala de curas y entró con él una mujer del pueblo que pensé que sería su madre. Después me enteré que entró para protegerme por si el chico me hacía algo, por ser un enfermo mental. Allí también tuvimos guerras, pillajes y de todo. Entraron en alguna casas, pero a nosotras (tres hermanas), aunque estábamos rodeadas, un militar nos protegió.

Una salud debilitada es la que le ha devuelto hace algo más de un año a Europa, Roma y después España. En el mes de marzo de 2015 comienza a trabajar en el hospital como supervisora de quirófano. Se ocupa de la administración, “un poco de los papeles y un mucho de los pacientes”.

¿Cómo se encuentra en su nueva misión? ¿Echa de menos aquello?

Aquello lo he querido mucho y he sido muy feliz, pero aquí también estoy bien. La salud ya no me daba para más. He estado en tantos sitios que me adapto fácilmente.

Aquí Los pacientes cuando llegan al quirófano vienen con mucho miedo y muy estresados. Yo procuro calmarlos, hablar con ellos y lo agradecen. Es un momento muy estresante, así que a veces les cuento batallitas del Congo y se olvidan de que tienen que operarse (ríe).

¿Cómo vive los cambios experimentados en medicina y cirugía en particular?

Ha cambiado mucho, yo me quedo alucinada. Cuando veo operan sin abrir.

Helena OH, Servicio de Atención al paciente: “Intento que los pacientes se sientan a gusto en el hospital ”

Nació en Corea del Sur en el seno de una familia católica que le puso el nombre de Yun Jeong. Es la única chica de tres hermanos. Cerca de su casa se había construido una parroquia de frailes Franciscanos a la que su madre acudía a diario para participar en la misa. Junto a ella estaba un convento de Hermanas por lo que desde niña quería ser monja.

Al llegar a la adolescencia la situación política del país en el que hubo un golpe de estado “estaba muy revuelta”, la joven empezó a participar en las manifestaciones. En 1995 ingresa en el noviciado y en 2005 hace los votos perpetuos, pero es en 2009 cuando llega a España, primero Madrid donde aprende español, después Burgos y de nuevo Madrid. Es trabajadora social y se ocupa de la atención al paciente en el Hospital San Francisco de Asís.

¿En qué momento sintió la vocación?

De pequeña quería ser monja porque me parecía muy bonito llevar hábito y velo. Después en la adolescencia no podía pensar en otra cosa que no fuera estudiar y estudiar. Cuando llegué a la universidad me sentí muy vacía, tampoco quería estudiar más. Estaba bastante alejada de la Iglesia, pero seguía teniendo contacto con los frailes franciscanos. Fue trabajando en la Secretaría de una Universidad cuando decidí que iba a ingresar en el convento, después de participar en un grupo denominado “Tercera Orden Secular” con los franciscanos. Allí conocí el carisma franciscano, quería trabajar por los pobres y pensé que siendo religiosa podría entregarme totalmente a ellos.

¿Por qué eligió a las Hermanas Franciscanas de María?

Sabía que San Francisco había cuidado a los leprosos y quería trabajar por ellos también. Estuve buscando una congregación y supe que nuestras hermanas estaban trabajando con ellos en una leprosería, así que ingresé en 1995. Vi a mi padre llorar por primera vez cuando entré en el convento.

¿Cómo fueron esos primeros años?

Me costó mucho aprender a mirarme a mí misma, siempre me fijaba en las demás personas. La sociedad coreana es muy exigente y hay mucha competitividad. Todos quieren llegar arriba y ser el primero y yo también. Me costó aprender las enseñanzas de la madre fundadora, a saber lo que significa “ser presencia”. Al final esta formación fue la que me llevó hacia Jesús.

¿Y después?

Trabajé en la parroquia, en una residencia de mayores; después en un centro de acogida con un grupo de jóvenes que tenían problemas, algunas de ellas habían sido violadas por sus padres… en ese momento conocí la realidad.

Después de los votos perpetuos (año 2005) me sentí bastante decepcionada porque no me enviaran a otro país, yo quería ser misionera. Veía a la Provincial y le pedía que me enviara fuera. En 2009 fue ella la que me preguntó si quería venir a España. No podía decir que sí, aunque lo estaba deseando. Yo había pensado en África o Sudamérica… tampoco sabía español; así que le pedí tiempo. A la semana acepté, preparamos los papeles y llegué a Madrid en agosto de 2009. Estudié español durante un año y me mandaron a Burgos a un colegio en el que trabajé de portera y en el comedor con los niños más pequeños y seguí estudiando español.

¿Viaja a Corea a ver a su familia?

Cada tres años voy a verlos y mis padres también han venido aquí. Mi padre, que era maestro de un instituto en Corea y muy exigente, me dijo por primera vez al despedirse que estaba muy orgulloso de mí.

¿Cómo se siente en el Hospital?

Me encargo de acoger a los pacientes que llegan al hospital e intento a hacerlo con amabilidad para que se sientan a gusto. Aclaro todas las dudas que pueden encontrar también durante la estancia en el centro.

¿Alguna anécdota?

Casi todas las personas que llegan me preguntan si soy de China, después de Japón, de Vietnam, de Filipinas. Luego les digo, cerca de China. Entonces dicen Corea… Nadie acierta a la primera (sonríe).